Las escenas de celos lejos de acercarnos al amor nos alejan, y producen repulsión en quien las vive, que vislumbra con acierto como el otro quiere poseerlo, es decir, impedirle hacer su vida.
Los celos siempre tienen una raíz inconsciente, infantil, de no renuncia a lo que nunca se tuvo (léase: la inmortalidad, al otro) y, lo que es más trágico, de renuncia a lo posible (léase: las relaciones con otros, de carne,ciencia o arte). Los celos nunca son del todo reales, y sin embargo crean una realidad desértica.